martes, 28 de agosto de 2007

El salón

Clare no deseaba que nos descubrieran dentro de la ciudad. Yo la seguía por todos lados y ella hacía como si no existiera, mostrándose incómoda y mirándome apenas, menos que con lo que se mira a un extraño que te cruzas por la calle. Ese día llegó hasta un salón y la seguí hasta allí. Me senté en una de las sillas, y al igual que a ella, me pusieron un mandil blanco alrededor del cuello. La veía a través del espejo mientras le hacían un nuevo corte de cabello, dándole una forma nueva. Una vez que terminaron con Clare, conmigo aún continuaban; ella salió, evitando verme, y yo me quedé sentado viendo cómo caían mis cabellos al suelo, formando montículos alrededor de la silla, y cuando estuvo cortado del todo, habiéndome rapado por completo, cortaron también mi piel del cráneo que se deshizo como pedazos de papel; de mi ropa solo quedaron retazos de tela y el resto de mi cuerpo quedó hecho trizas hasta que no pude ver más mi reflejo en el espejo. Quitaron el mandil que ya no se sostenía a mi cuello en señal de haber terminado. “¿Eso es todo?”, pregunté indignado. “¿No entiende que no quiero que note más mi presencia?”.

5 comentarios:

Jen dijo...

que bueno xD

varguitass dijo...

.

sigo yo

(me lo pusiste tranca tío)


.

Amor dijo...

la mejor manera de que no se note la presencia es no estar

o
amor

:-)

el asombroso espaidercito dijo...

wow, seguire leyendo

Verónica Curutchet dijo...

ya! me han enganchado!!!
sigo!

un saludote!